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Quién
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¿Quién alguna vez no sufrió por amor?.
¿Quién no esperó en un día de San Valentín un llamado tan deseado como un rayo de sol, en una tarde obscura?.
¿Quién no soñó volver a encontrar, o encontrar alguna vez, ese amor verdadero que nos haga sentir que estamos vivos en esta vida y que los sueños no son solo sueños, no las ilusiones un deseo lejano?.
¿Quién no esperó una carta, un mail, una palabra. Quien no sintió en un soplo de viento el susurro añorado de una palabra dulce apenas sugerida?.
¿Quién no piensa en encontrar esa persona que nos haga vivir, por primera vez, o nuevamente?
¿Quién no atardeció en un llanto frío una noche de invierno por un amor desencontrado?
¿Quién no desesperó en alcanzar ese amor verdadero, el que cuentan las historias de príncipes, princesas y países lejanos?.
¿Quién, en un amanecer rojo, no sintió teñirse sus mejillas por un beso sentido a la orilla del mar, cuando una gaviota, remontando el vuelo, gritó a todo el mundo que estamos enamorados?.
¿Quién no se abismó pensativo en una tarde de lluvia, en creer o no creer que el amor existe, es, y puede ser alcanzado?.
¿Quién no soñó en compartir, quién no compartió esperanza, quién no esperó dar, quién no dio amor, quién no pudo amar?.
¿Quién no amó a alguien sabiendo que el amor es peligroso, que el amor es hermoso, que el amor duele y que el amor es felicidad?.
¿Quién no creyó, después de haber alcanzado la felicidad, que no existía una nueva oportunidad al perder esa felicidad alcanzada?. ¿Quién no se equivocó entonces, descubriendo luego, y a veces tarde, que siempre existe otra oportunidad para amar, que el amor no es egoísta y que siempre se encuentra otra vez?.
¿Quién?
Porque quien no encuentre la respuesta a esta pregunta en si mismo, puede que haya perdido entonces, el camino del Amor.
Pablo M. Brión
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¿Por qué?
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- ¿Por qué estás tan triste, por qué tanto bajón - me preguntó alguna vez una amiga.
- No logro entenderlo - continuó -, no tenés problemas de salud, ni de plata, tenés un trabajo, tu familia te quiere, tenés a tus amigos y me tenés a mi ¿Por qué?...
3 años mas tarde
Me siento en un plaza a escribir en la hora del almuerzo. No tengo ganas de comer, y si de salir un poco de la oficina, sentir el sol tibio de otoño, ver un palo borracho cubierto de flores rosas que se estira hasta alcanzar su propia sombra, al sol de las 2 de la tarde.
¿Por qué (para qué) me habré traído la libreta? Para escribir - me contesto -, y el por qué se pierde en el aire tibio acompañando el vuelo de un gorrión.
¿Por qué todo tuvo que terminar como terminó? ¿Por qué tuvo que terminar? ¿No era amor entonces? Son muchas preguntas para anotarlas a todas, y son todas respuestas a otra pregunta.
- No estoy seguro - le contesto 3 años mas tarde a otra amiga, por medio de un mail - Aún no tengo esa respuesta.
¿Por qué no puede ser posible que estemos juntos? Yo ya conocí el amor, y se lo que es sentir. Y es como lo siento ahora, aún como amor improbable o imposible, mayor que aquel otro amor, y menor que aquel, por no compartirlo.
Y este amor me duele y me lastima y te sigo amando en cada pensamiento.
¿Por qué? -No, yo te quiero, pero solo como amigo. No es una respuesta, no es la respuesta correcta que me dicta el corazón, sigo entonces en mi pregunta: ¿Por qué no me querés?
Domingo a la tarde, cualquier domingo; para mas datos, hace sol o llueve. ¿Por qué no sorprenderte yendo a tu casa, y tomar algo juntos, como una amable excusa para conversar con vos, mirarte a los ojos, mirar tus manos hacerle caricias al aire y esperar una mágica sonrisa? ¿Por qué? - Que locura, pibe. Ir porque si y caer de repente en su casa, estás muy mal para haber hecho eso. ¿Me querés decir por qué, por qué lo hiciste?.
¿Qué hora es? ¿Por qué venís tan tarde? Y mas vale llegar tarde que nunca. Y la respuesta se va de nuevo sin haber tenido tiempo de preguntarle: ¿De cual pregunta sos?
Marcha de protesta caminando por el medio de Av. de Mayo, tiros y bombas de estruendo, golpes y redobles de tambores como quien marcha a la guerra. No son mas de diez u once. Cae otra flor del árbol, que se pone cada vez mas verde y mas gris.
¿Por qué ese miedo? ¿Por qué ese temor a ver la realidad, y vivir? Con todo lo buena que sos, con tanta ternura, siendo tan inteligente ¿Por qué (Cómo) no te das cuenta?
¿Te das cuenta? - Vos, justo vos, que hace tanto que me conocés y que decís que me conocés. ¿No sabés por qué estoy tan triste? ¿Por qué este bajón? ¿Acaso no lo sentiste antes?
3 años antes, o ahora.
Pero ahora no entiendo.
Y aún no tengo esa respuesta.
¿Por qué?
Pablo Brión
14 de Abril de 2001
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Fragmentos...
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Sin pestañear
Durante una guerra civil en Corea, un general avanzaba implacablemente con sus tropas, tomando provincia tras provincia y destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Los habitantes de una ciudad, al saber que el general se acercaba –y habiendo oído historias de su crueldad- huyeron para una montaña de los alrededores.
Las tropas encontraron las casas vacías. Después de mucho revisar, descubrieron a un monje zen que había permanecido en su sitio. El general ordenó que se presentara ante él, pero el monje no obedeció.
Furioso, el general lo fue a buscar:
-¡Tú no debe saber quién soy yo! –vociferó. –¡Yo soy aquel que es capaz de atravesar tu pecho con mi espada, sin pestañear!
El maestro zen se dio vuelta y respondió serenamente:
-Tú tampoco debe saber quién soy yo. Yo soy aquel que es capaz de ser atravesado por una espada, sin pestañear.
Al oir esto, el general se inclinó, hizo una reverencia y se retiró." Paulo Coelho |

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"Yo me he estado horas continuas persiguiendo con los ojos la forma de una doncella que durante el dia me dejó en los huesos ansiedad de amor" J. L. Borges
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"El amor
En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
- ¿Te han cortado?- preguntó el hombre.
- No -dijo ella-. Siempre he sido así.
Él la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:
- No comas yuca, ni guanábanas, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
Ella obedeció. Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:
- No te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de eoforia y gritaba:
- ¡Lo encontré! ¡Lo encontré!
Acababa de ver al mono curando a la mona en la copa de un árbol.
- Es así -dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses." Eduardo Galeano, Los nacimientos, Memoria del fuego
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"El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio."
Stendhal
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