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Pablo Brión, mi página personal  









Cuentos
Contenido  
 

Cuentos Circulares

Un hombre se encontraba en el borde del acantilado, mirando la noche. Una estrella brillaba en lo alto y a ella se dirigían sus pensamientos.
Recordaba su luz en otras noches, su brillo, y pensaba. Pensaba en sueños que se hicieron realidades, en ilusiones que fueron verdad, en un amor encontrado y perdido. Al borde del acantilado pensaba en su estrella. Una estrella en medio del cielo.
Una estrella brillaba en lo alto del acantilado. La estrella derramaba su luz y dibujaba caminos de plata sobre las olas. La estrella miraba el mar y pensaba. Pensaba en otros universos, otros mares, otros cielos. Recuerdos de creaciones, de explosiones, de fuego líquido y sólido hielo. La estrella escuchaba el canto del mar y recordaba.
El mar oscuro reía y cantaba. Cantaba canciones de barcos y arena, de viento y de playa. Sus olas contaban historias de viejos piratas a las rocas, cuentos de amor y oro. El mar tranquilo se iluminaba de plata, y en lo profundo, en la obscuridad, la vida explotaba con colores y formas ignorados. El mar cantaba y guardaba sus secretos mas preciados, secretos de vida y de noche. Cantaba una canción de cuna a la playa dormida.
La playa dormía en la noche, y en sus sueño soñaba. Soñaba con grandes piedras convertidas en arena, con caricias de mar, con susurros del viento, contando secretos. Dormía y la arena dibujaba caminos, borraba castillos, escondía caracoles y ocultaba viejos tesoros y viejas palabras escritas hace ya mucho tiempo. Dormía la playa entre los suspiros del viento.
Soplaba un viento tenue, casi un susurro en la tibia noche de luna. El viento soplaba brisas y recordaba. Recordaba copas de árboles moviéndose, mares encrespados, velas y molinos. Recordaba incendios en una noche rojiza, el vuelo de un águila entre nubes inquietas, un cuarto cálido una noche, espiado por una ventana entreabierta, un fuego de chimenea agitado. El viento le contaba secretos de hombres y pájaros a la luna.
La luna brillaba, opacando apenas una estrella brillante en medio de un cielo de noche despejada. La luna contaba secretos de luz y amores escondidos, interrumpida solo por el grito de una gaviota, casi una respuesta a una ignorada pregunta. Contaba una historia presente y pasada.
Una casita en una playa con una mujer asomada a una entreabierta ventana, mirando una estrella, mientras el viento le susurra recuerdos de chimeneas y fuego al oído. Contaba secretos de noches oscuras y estrellas claras, de mares y cielos, de un amor que se creyó perdido para siempre, de un hombre en un acantilado, mirando al cielo en la noche, con su alma vacía.
Un hombre se encontraba en el borde del acantilado, mirando la noche...

Pablo M. Brión

 


Futuro ausente
      ( Nuevo! )

Aunque no estés, fuiste dueña de mis pensamientos, de mi ayer. Pero la vida es hoy, y mañana estarás ausente.

Estuviste a mi lado en mi peor momento, no sé si te amé por soledad, o vacío, simplemente te necesité. Sé que te amé, no es mentira. Quizás estoy aún amando, amándote. No pienses nunca que fue mentira mi amor. Si de algo estoy seguro es que nunca te mentí.
Vivimos un tiempo en que soñé, soñé con tu amor, creía que con el tiempo lograría conquistarte, que con el tiempo quizás tendría tu amor. Fue sólo un sueño, y yo solamente un soñador. Pero no por eso mi amor fue menos cierto. Si algo que sé es que viví ese sueño de amor con ternura y esperanza. Y el presente de ese pasado de sueños es el desengaño de la realidad, la desilusión de mis esperanzas, el desconsuelo de mis ilusiones irrealizables.
Ayer. En cada noche imaginaba verte, buscando hacer realidad la magia de mi alma, en cada mirada al cielo susurré tu nombre a la luna, implorando ayuda. Y siempre brilló la luz de las estrellas entre mis lágrimas. Te soñé cada noche, y me despertaba cada mañana invocando tu nombre, como una oración para poder iniciar el día, porque solamente tu nombre tenía el poder de darme la vida en cada amanecer.
Hoy. La tristeza apaga el dolor de mi corazón con lágrimas tibias. Tibias como una lluvia de primavera, y esas mismas lágrimas apagan mi fuego, mi fuerza, me dejan sin ánimo. Son lluvia de recuerdos en este presente, son ilusiones de futuros juntos, para siempre perdidas.
Mañana. Mañana y siempre serás mi luz, aunque no estés. Siempre recordaré ese sueño del pasado, en cada presente existirás. Pero no ya en mi futuro. Ya no habrá un mañana.

Pablo Brión
sábado, 20 de octubre de 2001, 21:07 hs.


 

  
Fragmentos...
 
"La iluminación en siete días

Decía un maestro zen:
-Buda dijo a sus discípulos: “Aquel que se esfuerza, puede alcanzar la iluminación en siete días. Si no lo consigue, con certeza la alcanzará en siete meses, o en siete años.”
Entusiasmado, el joven preguntó cómo se podía llegar a la sabiduría en siete días.
-Concentración –fue la respuesta.
El joven comenzó a practicar pero en diez minutos ya se había distraído. Comenzó nuevamente y otra vez perdió la concentración.
Después de una semana, no había conseguido nada en concreto pero estaba más atento a su ansiedad y a sus fantasías. Rápidamente se fue acostumbrando a la idea de que el tiempo no era tan importante en el camino espiritual.
Un bello día, el joven se dio cuenta de que no hacía falta que llegar tan rápido a su meta, puesto que el camino ya estaba enseñándole muchas cosas.
Y fue en ese momento cuando se transformó en un iluminado."

Paulo Coelho
"Dale todo al Amor

Dale todo al amor,
obedece tu corazón;
amigos, parientes, días,
patrimonio, fama,
planes, mérito y la musa:
no le niegues nada.
Es un maestro:
concédele espacio,
síguelo totalmente,
nunca desesperes;
cada vez más
se eleva en el mediodía,
con alas raudas,
intención oscura;
pero es un dios,
conoce su camino,
y las sendas del cielo.
No es para mezquinos;
requiere valor robusto,
alma resulta,
coraje inquebrantable:
a tales recompensará;
al regresar serán
más de lo que eran.
Y siempre ascendiendo,
deja todo por amor;
pero aún así, oye;
una palabra más tu corazón requiere,
otra palpitación de firme afán:
manténte hoy,
mañana, y siempre,
libre como un árabe,
frente a tu amada.
Aferra a la doncella con tu vida;
más cuando la sorpresa,
primera sombra de la sospecha,
cruce tu pecho joven,
o una alegría que no seas tú,
ella es libre, totalmente libre;
no retengas el ruedo de su falda,
ni la pálida rosa que arrojó
de su guirnalda estival.
Aún la ames como a ti mismo,
como un yo de arcilla más pura;
aunque su partida nieble el día,
robando gracia a todo lo que vive.
Recuerda:
cuando los semidioses parten,
llegan los dioses."


Ralph Waldo Emerson

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